Durante los últimos treinta años, resulta prácticamente imposible imaginar a James Bond sin un Omega Seamaster en la muñeca. Desde que Pierce Brosnan estrenara el Seamaster Professional en GoldenEye (1995), la marca suiza se ha convertido en una parte inseparable de la identidad cinematográfica del agente 007. Sin embargo, la nueva novela de James Bond acaba de introducir un cambio inesperado que está dando mucho que hablar entre los aficionados a la relojería: el espía británico ha sustituido su habitual Omega por un reloj militar de la Segunda Guerra Mundial, fabricado por una histórica marca británica que muchos probablemente no conocen.

La novela se titula King Zero, está escrita por Charlie Higson y se publicó en Reino Unido el 24 de septiembre de 2026. En ella encontramos una versión contemporánea de James Bond que, en lugar de llevar un reloj de lujo moderno, utiliza un Vertex Calibre 59 W.W.W., una pieza histórica que perteneció a los famosos Dirty Dozen, los doce modelos de relojes militares encargados para las fuerzas armadas británicas durante la Segunda Guerra Mundial.

La elección resulta especialmente interesante porque, aunque el Omega Seamaster tenga una enorme conexión con el personaje gracias al cine, el Vertex representa una parte mucho más íntima de su identidad: su nacionalidad, su pasado militar y la historia de los hombres que sirvieron a Reino Unido durante la guerra.
Vertex y los Dirty Dozen: una historia de relojería militar británica
Para entender por qué este reloj encaja tan bien con James Bond, tenemos que viajar hasta la Segunda Guerra Mundial. Durante el conflicto, las fuerzas armadas británicas necesitaban relojes fiables, resistentes y fáciles de leer en condiciones extremas. Para conseguirlos, el Ministerio de Defensa británico recurrió a doce fabricantes que producirían relojes siguiendo unas especificaciones militares comunes.

Aquellos modelos terminarían siendo conocidos entre los coleccionistas como los Dirty Dozen, un grupo que incluía nombres tan importantes como Omega, IWC, Jaeger-LeCoultre, Longines y Lemania. Sin embargo, entre todas aquellas firmas había una especialmente significativa: Vertex, la única marca británica del grupo.
Fundada en Londres en 1912 por Claude Lyons, Vertex fabricó su Calibre 59 W.W.W. siguiendo los requisitos militares de la época. La denominación W.W.W. hacía referencia a Watch, Wrist, Waterproof, y estos relojes se caracterizaban por sus esferas negras de gran legibilidad, numerales luminosos, pequeño segundero a las seis y una construcción pensada para soportar las exigencias del servicio militar.
Su diseño no buscaba impresionar ni transmitir lujo. Estaba concebido para que un soldado pudiera consultar la hora rápidamente, incluso en situaciones en las que unos pocos segundos podían resultar decisivos. Esa funcionalidad explica por qué los Dirty Dozen se han convertido en piezas tan apreciadas entre los coleccionistas de relojería militar.

El Vertex de James Bond tiene una historia personal
Charlie Higson no se ha limitado a colocar un reloj histórico en la muñeca de 007. En King Zero, el Vertex tiene una historia familiar que aporta una dimensión completamente diferente al personaje.

El reloj es un Calibre 59 original de la Segunda Guerra Mundial, heredado de un tío abuelo de Bond que sirvió en la 6.ª División Aerotransportada británica y participó en la operación para asegurar el puente Pegasus durante el Día D, el 6 de junio de 1944.
En la novela, el reloj aparece como una pieza ligeramente deteriorada por el paso del tiempo, incluso con una pequeña grieta en el cristal. Lejos de restarle atractivo, estos detalles refuerzan su significado: no estamos ante un accesorio impecable escogido para combinar con un traje, sino ante un objeto que ha sobrevivido a una guerra y que conserva recuerdos familiares.
Esta dimensión emocional encaja especialmente bien con el universo de James Bond. Ian Fleming creó al personaje después de haber servido en la inteligencia naval británica durante la Segunda Guerra Mundial, y ese contexto histórico siempre ha estado presente en el ADN del agente. Al darle un reloj vinculado directamente con aquel conflicto, Higson consigue conectar a su Bond contemporáneo con el mundo que dio origen al personaje.
¿Por qué un Vertex puede tener más sentido que un Omega?
Aunque hoy asociemos inmediatamente a James Bond con Omega, la historia relojera del personaje es bastante más amplia. En las novelas originales de Ian Fleming, Bond llevaba un Rolex, mientras que en el cine hemos visto al agente utilizar diferentes marcas antes de que el Seamaster se consolidara como su reloj habitual en 1995.

El Omega es una elección perfectamente coherente con la imagen moderna de 007: elegante, deportivo, técnicamente avanzado y preparado para acompañarlo tanto en una misión como en una recepción de gala. Además, la propia Omega tiene una importante historia vinculada con las fuerzas armadas británicas y también formó parte de los Dirty Dozen.
Pero el Vertex introduce algo distinto. Su conexión con Reino Unido no depende solamente de su pasado militar, sino también del origen británico de la marca y, sobre todo, de la historia familiar que Higson ha construido alrededor del reloj. Mientras el Seamaster representa al Bond cinematográfico, sofisticado y rodeado de tecnología, el Calibre 59 nos recuerda que detrás del agente secreto existe un hombre marcado por la tradición y la memoria.
Lo curioso es que esta elección ni siquiera surgió de una colaboración comercial. Don Cochrane, bisnieto del fundador de Vertex y responsable de recuperar la marca en 2016, explicó que desconocía la aparición del reloj en la novela hasta que la editorial se puso en contacto con él. También ha querido dejar claro que Vertex no sustituye a Omega como reloj oficial de las películas: su vínculo es específicamente con el James Bond literario.
Un reloj con más historia que lujo
La elección del Vertex en King Zero demuestra que un reloj puede contar mucho más sobre un personaje que su precio, su complicación mecánica o el prestigio de la marca que aparece en la esfera. En un universo donde James Bond ha llevado algunos de los relojes más reconocibles de la historia del cine, Charlie Higson ha decidido darle una pieza militar británica con más de ochenta años de historia y un pasado familiar que la convierte en algo verdaderamente personal.
Quizá por eso el Calibre 59 resulte una elección tan acertada. Su estética discreta, su origen militar y las cicatrices acumuladas durante décadas parecen encajar perfectamente con un agente cuya profesión exige precisión, resistencia y una relación muy particular con el peligro. Y aunque sigamos viendo a 007 con un Omega Seamaster en su próxima aventura cinematográfica, el Vertex de King Zero nos recuerda que, a veces, el reloj que mejor define a James Bond no es el más moderno ni el más caro, sino el que tiene una historia acorde al personaje.