Durante décadas, hablar de relojería china ha estado inevitablemente asociado a relojes económicos, imitaciones y producción industrial a gran escala.
Sin embargo, mientras esa percepción continúa muy presente entre muchos aficionados, China lleva tiempo desarrollando una industria relojera capaz de hacer cosas bastante más complejas, y algunas de sus marcas empiezan a reclamar un espacio propio dentro de la relojería mecánica de alto nivel. Peacock es una de ellas, y su propuesta resulta especialmente interesante porque no intenta limitarse a reproducir los códigos de la relojería europea, sino que busca construir una identidad propia a partir de la artesanía china, el desarrollo de calibres propios y una interpretación contemporánea de las tradiciones decorativas de la alta relojería.
La historia de Peacock se remonta a 1957, y desde entonces la marca ha mantenido una filosofía basada en combinar precisión mecánica y trabajo artesanal. Su objetivo declarado es conservar técnicas decorativas que requieren años de aprendizaje y trasladarlas a relojes contemporáneos, utilizando al mismo tiempo tecnologías modernas de fabricación y movimientos desarrollados internamente. En su catálogo encontramos desde trabajos de guilloché y micrograbado hasta componentes de titanio tratados mediante fuego y, especialmente, diferentes tourbillones desarrollados por la propia marca.
Esta combinación es importante porque permite entender qué quiere ser Peacock. La marca no presenta la artesanía como un simple elemento ornamental añadido al final del proceso de fabricación, sino como una parte fundamental de la construcción del reloj. Cada superficie, cada grabado y cada acabado están pensados para interactuar con la arquitectura mecánica y convertir el reloj en algo más que un instrumento para medir el tiempo.
Recuperar un arte que está desapareciendo
Uno de los mejores ejemplos de esta filosofía es el trabajo de Peacock con el guilloché artesanal, una de las técnicas decorativas más reconocidas de la alta relojería. El proceso tradicional consiste en crear patrones geométricos mediante cortes extremadamente precisos sobre una superficie metálica, generando diferentes profundidades y direcciones que hacen que la luz cambie constantemente cuando incide sobre el dial.
El problema es que el verdadero guilloché realizado a mano requiere una combinación de experiencia, sensibilidad y paciencia que resulta cada vez más difícil de encontrar. Peacock afirma que actualmente quedan menos de 30 maestros en todo el mundo capaces de practicar este tipo de guilloché, y precisamente por eso la colaboración con Master Wei ocupa un lugar importante dentro de la filosofía de la marca. Después de décadas dedicadas a dominar esta disciplina, el artesano desarrolló junto a Peacock una máquina de grabado específica basada en un sistema de tallado vertical que permite conseguir mayor profundidad y relieve que los métodos convencionales.

La complejidad de este trabajo queda especialmente clara en el Plumage Gaze – Year of the Horse Special Edition, donde una esfera de apenas 28,8 milímetros concentra más de 2.000 cortes realizados manualmente en 16 zonas independientes de guilloché. Las diferentes áreas utilizan cuatro ángulos de grabado —12°, 32°, 40° y 66°— y contienen cientos de puntos en los que las líneas deben encontrarse sin cruzarse. Según Peacock, una desviación superior a 0,1 milímetros puede ser suficiente para rechazar una pieza completa, una exigencia que explica por qué este tipo de decoración pertenece más al terreno de la artesanía que al de la producción industrial convencional.

La intención de la marca, sin embargo, no consiste únicamente en preservar estas técnicas como piezas de museo. Peacock quiere utilizarlas para desarrollar una relojería contemporánea en la que la decoración, la ingeniería y el concepto del reloj formen parte de una misma historia. El Black Hole es probablemente uno de los ejemplos más claros de cómo pretende conseguirlo.
Black Hole: convertir el espacio-tiempo en un reloj
El Black Hole pertenece a la Avant Series y nace de una idea que resulta especialmente apropiada para un reloj mecánico: representar visualmente la distorsión del espacio alrededor de un agujero negro. En lugar de limitarse a utilizar el nombre como recurso estético, Peacock ha intentado trasladar esa idea a prácticamente todos los elementos del reloj, desde la geometría del guilloché hasta la disposición del movimiento y la forma en que se muestran las horas y los minutos.

En el centro de la composición se encuentra un tourbillon volante central, mientras que dos discos concéntricos de titanio se encargan de indicar las horas y los minutos alrededor de él. La disposición hace que el mecanismo parezca el centro de un sistema orbital, reforzando la idea de una singularidad alrededor de la cual todo lo demás parece quedar atrapado.
Pero es la superficie de la esfera la que convierte realmente el concepto en algo tangible. Peacock ha desarrollado para este modelo un guilloché curvado denominado “Gravitational Weave”, compuesto por ranuras en forma de V que se entrelazan y se van contrayendo hacia el centro. El resultado pretende reproducir visualmente la deformación de una cuadrícula de espacio-tiempo sometida a una enorme fuerza gravitatoria.

La dificultad está en que el patrón no se graba sobre una superficie plana, como sucede con el guilloché tradicional, sino directamente sobre una superficie tridimensional. Cada trayectoria cambia a medida que la esfera se curva, obligando al artesano a modificar continuamente el ángulo y la presión de la herramienta. Es precisamente esta combinación de geometría y trabajo manual la que convierte una decoración aparentemente abstracta en una demostración de habilidad técnica.

1.440 cortes sobre una esfera curva
El patrón Gravitational Weave está formado por 240 ranuras en forma de V, divididas en dos grupos de 120 que avanzan en direcciones opuestas. Cada una requiere seis pasadas de grabado, lo que eleva el trabajo total a 1.440 cortes individuales sobre la superficie de la esfera.
Todas las ranuras se abren con un ángulo de 3 grados, una referencia deliberada a las tres dimensiones del espacio físico. La dificultad aumenta porque el artesano no puede mantener constantes las condiciones de trabajo a medida que la superficie cambia de altura. Tiene que adaptar continuamente el movimiento, la presión y el ángulo de la herramienta para conseguir que las líneas mantengan su geometría y profundidad.

Una vez terminado el grabado, la superficie recibe un segundo tratamiento manual mediante un proceso de matizado. El artesano utiliza un material abrasivo especialmente preparado y un cepillo que debe seguir la curvatura de la esfera para conseguir un acabado uniforme. Demasiada presión podría suavizar los bordes de las ranuras y alterar el diseño; demasiado poca dejaría residuos y marcas sobre el metal. El resultado final busca una superficie aterciopelada en la que la luz y las sombras revelen la profundidad del patrón.
El corazón mecánico del Black Hole
Toda esta elaboración artesanal estaría incompleta si el movimiento no estuviera a la altura del concepto. Peacock equipa el Black Hole con el calibre PAX9611A, un movimiento de cuerda manual desarrollado por la propia marca que integra 196 componentes alrededor de su tourbillon central.

El carruaje del tourbillon pesa apenas 0,46 gramos, mientras que cuatro barriletes conectados en serie permiten alcanzar una reserva de marcha de 120 horas. El movimiento funciona a 21.600 alternancias por hora y, según Peacock, consigue una eficiencia de transmisión superior al 95 %. Su arquitectura también incorpora un volante de inercia variable con cuatro masas internas de estilo Gyromax, pensado para permitir ajustes precisos de la inercia sin modificar la longitud efectiva del espiral.
Uno de los datos más llamativos es su grosor de apenas 3,5 milímetros, especialmente teniendo en cuenta que se trata de un movimiento con tourbillon central y cuatro barriletes. La búsqueda de un perfil tan compacto obliga a concentrar una arquitectura mecánica considerable en un espacio muy reducido, y Peacock ha aprovechado además la parte inferior del calibre para continuar con el lenguaje decorativo del reloj.

El puente inferior recibe otro trabajo de guilloché artesanal inspirado en vórtices cósmicos. El patrón se divide en ocho secciones y requiere más de 400 pasadas de herramienta, con una separación entre líneas de apenas 0,3125 milímetros. Peacock incorpora además siete rubíes siguiendo la composición visual, como si fueran pequeños cuerpos atrapados dentro de un campo gravitatorio.
Titanio trabajado con láser y fuego
La construcción del Black Hole continúa explorando materiales y técnicas poco convencionales. La caja está realizada en titanio de grado 5, un material ligero que permite mantener unas dimensiones de 43,5 milímetros de diámetro y 11,9 milímetros de grosor sin que el reloj resulte excesivamente pesado en la muñeca.

Algunas de las estructuras internas de titanio requieren un mecanizado especialmente exigente debido a la dificultad de trabajar este material con tolerancias muy ajustadas. Peacock combina el mecanizado CNC con un proceso de láser de femtosegundo, una tecnología procedente de sectores como los semiconductores y la medicina que permite crear estructuras extremadamente complejas con precisión micrométrica.
El fuego también forma parte del proceso. El anillo interior de titanio se azula individualmente a temperaturas de entre 550 y 600 °C, generando el color mediante oxidación controlada en lugar de aplicar un recubrimiento uniforme. El artesano tiene que controlar constantemente la temperatura, la distancia y el ángulo del calor, ya que pequeñas variaciones pueden modificar el resultado final. Por eso cada pieza adquiere una combinación de tonalidades que no puede reproducirse exactamente.

La indicación de la hora sigue la misma filosofía. En lugar de utilizar agujas convencionales, el Black Hole emplea dos discos concéntricos de titanio que giran alrededor del tourbillon. El disco horario y su indicador utilizan Super-LumiNova BGW9 azul, mientras que el disco de minutos incorpora material luminiscente C1 verde. Cuando cae la oscuridad, ambos colores convierten la lectura de la hora en una especie de sistema orbital alrededor del centro del reloj.

La alta relojería desde China
El Black Hole es interesante precisamente porque permite observar en un solo reloj prácticamente todos los elementos que Peacock quiere asociar con su identidad: un calibre propio, un tourbillon central, una arquitectura mecánica desarrollada internamente, materiales contemporáneos, tecnologías de fabricación avanzadas y un trabajo artesanal que requiere cientos de horas de experiencia acumulada.
Y entonces aparece uno de los datos que más llama la atención: su precio es de 5.099 dólares.
No hace falta afirmar que un reloj con estas características tendría necesariamente un precio concreto si llevara una etiqueta suiza para entender por qué la cifra resulta llamativa. El desarrollo de un movimiento propio, la utilización de un tourbillon central, las 120 horas de reserva de marcha, el trabajo de guilloché curvado con 1.440 cortes, el tratamiento térmico del titanio y los procesos de fabricación empleados representan un nivel de complejidad que normalmente encontramos en segmentos de precio mucho más elevados.
Pero quizá lo más interesante de Peacock no sea cuánto cuesta el Black Hole, sino lo que representa. La marca está intentando demostrar que la relojería china puede aspirar a algo diferente de competir únicamente por precio. Su propuesta pasa por desarrollar tecnología propia, conservar técnicas artesanales difíciles de encontrar y construir una identidad que tenga relación con su propio contexto cultural.
Después de casi siete décadas desde su fundación en 1957, Peacock parece estar utilizando precisamente esa combinación para cuestionar una idea que todavía pesa sobre buena parte de la relojería china: que fabricar en China significa necesariamente fabricar barato o copiar lo que otros ya han hecho.
El Black Hole no necesita parecerse a un reloj suizo para resultar interesante. Su valor está precisamente en mostrar hasta dónde puede llegar una manufactura china cuando decide invertir en sus propios calibres, en sus artesanos y en una interpretación particular de la alta relojería. Y si Peacock consigue que el debate deje de centrarse en dónde se fabrica un reloj para empezar a centrarse en qué hay detrás de él, habrá conseguido algo bastante más importante que fabricar un tourbillon de 5.099 dólares.