Durante siglos, la cerámica estuvo asociada a objetos cotidianos: recipientes, vajillas, azulejos o piezas decorativas. Un material que todos conocemos, pero que difícilmente relacionaríamos con un reloj de alta relojería.

Sin embargo, la cerámica ha recorrido un largo camino. Hoy se utiliza en cajas, biseles, brazaletes, esferas e incluso componentes internos de movimientos, y se ha convertido en una de las grandes alternativas al acero y los metales preciosos.
Lo más interesante es que esta evolución ya no pertenece exclusivamente a las grandes manufacturas. En 2025 nació Earthen Co., una micromarca que ha hecho de las cajas de cerámica su principal seña de identidad y que ofrece sus relojes por menos de 1.000 euros, trayendo consigo un cambio monumental en la accesibilidad a este material.

Para entender por qué esto resulta tan interesante, primero hay que entender qué es realmente la cerámica utilizada en relojería.
La cerámica no es lo que parece
Cuando hablamos de cerámica en un reloj no estamos hablando de la misma cerámica que encontramos en una taza o en un plato.
En términos generales, las cerámicas son materiales sólidos no metálicos cuya estructura interna presenta una organización cristalina regular. Sus propiedades son muy diferentes a las de los metales: suelen ser rígidas, excelentes aislantes y extremadamente resistentes al desgaste.

Y aquí aparece una de sus grandes ventajas para la relojería: su dureza.
Las cerámicas técnicas utilizadas en relojes son extraordinariamente resistentes a los arañazos. De hecho, son tan duras que su mecanizado requiere normalmente herramientas recubiertas de diamante.
También son resistentes a la corrosión, ligeras y capaces de mantener su color durante muchísimo tiempo. Una cerámica correctamente fabricada no desarrolla la típica oxidación de un metal y su color no se desgasta de la misma manera que un recubrimiento superficial. Pero, existe una contrapartida. Mientras que un metal puede deformarse ante un impacto, la cerámica es un material más rígido y quebradizo. Un golpe suficientemente fuerte puede provocar una grieta o incluso una rotura. Esto no significa que una caja cerámica sea frágil —las cerámicas técnicas modernas son muchísimo más resistentes que la cerámica convencional—, pero sí que responden a los impactos de una manera diferente al acero.
Del barro a la alta tecnología
La historia de la cerámica es milenaria. Existen evidencias de recipientes de arcilla cocida de hace aproximadamente 20.000 años.
Su utilización en relojería, sin embargo, es mucho más reciente.
A principios del siglo XX comenzaron a desarrollarse nuevas generaciones de cerámicas técnicas capaces de ofrecer unas propiedades mecánicas que hacían posible su utilización en aplicaciones industriales mucho más exigentes.
El mundo de la relojería comenzó a experimentar con ellas durante la segunda mitad del siglo XX.
En 1962, Rado presentó el DiaStar, cuyo concepto de “Hardmetal” utilizaba carburo de tungsteno, un material que técnicamente pertenece a la familia de las cerámicas técnicas. Durante los años 70, firmas como Omega y Tissot también experimentaron con este tipo de materiales.

Pero uno de los grandes momentos llegó en 1986, cuando IWC comenzó a utilizar cerámica de alta tecnología en su colección Da Vinci. Ese mismo año, Rado presentó el Integrale, considerado uno de los primeros relojes en combinar caja y brazalete de cerámica.

A partir de entonces, la cerámica dejó de ser una curiosidad experimental para convertirse progresivamente en uno de los materiales más interesantes de la relojería contemporánea.
Hoy podemos encontrarla en relojes de firmas como IWC, Omega, Audemars Piguet, Hublot, Rado y muchas otras.
¿Cómo se fabrica una caja de cerámica?
Una de las razones por las que la cerámica ha tardado tanto en convertirse en un material habitual para cajas de reloj es precisamente su fabricación.
En el caso de las cerámicas técnicas más utilizadas, el proceso comienza con un polvo extremadamente fino. En el caso del óxido de zirconio, uno de los materiales más habituales para cajas y biseles, este polvo se mezcla con un aglutinante y posteriormente se prensa o se inyecta en un molde.
Pero esa pieza todavía no tiene las propiedades finales.

Después llega uno de los pasos fundamentales: la sinterización. La pieza se introduce en un horno a temperaturas muy elevadas para fusionar las partículas y convertir el material en una estructura sólida y extremadamente resistente.
Durante este proceso la pieza puede llegar a reducir su tamaño hasta aproximadamente un 30%.
Por eso las dimensiones y el proceso de fabricación tienen que estar calculados con enorme precisión. Una vez sinterizada, la cerámica es tan dura que el acabado final requiere herramientas especiales, habitualmente con diamante.
Es un proceso mucho más complejo que simplemente “hacer una caja de cerámica”.
El material que conquistó la relojería
El óxido de zirconio se ha convertido en una de las cerámicas más utilizadas para cajas y biseles de relojes.
Además de su dureza y resistencia a la corrosión, presenta una propiedad especialmente interesante conocida como transformation toughening. Si comienza a aparecer una grieta, la estructura del material alrededor de ella puede transformarse y generar fuerzas de compresión que dificultan que esa grieta continúe avanzando.

Por eso las cajas modernas de cerámica técnica son mucho más resistentes de lo que podría sugerir la experiencia que todos tenemos con una taza que cae al suelo.
Y las posibilidades no terminan en el negro tradicional. La cerámica puede fabricarse en diferentes colores y estos permanecen integrados en el propio material, en lugar de depender únicamente de un recubrimiento superficial.
De IWC y Omega a una micromarca de menos de 1.000 euros
Durante muchos años, una caja completamente cerámica era prácticamente sinónimo de relojería de gama alta.
IWC fue una de las grandes pioneras. Omega popularizó enormemente el concepto con modelos como el Speedmaster Dark Side of the Moon y otras manufacturas han convertido la cerámica en una de sus señas de identidad.

El material también se ha extendido a biseles, brazaletes y otros componentes. Incluso existen materiales híbridos, como el Ceratanium de IWC, que busca combinar las ventajas de un metal con determinadas propiedades de la cerámica.

Por eso resulta especialmente llamativo lo que está haciendo una marca nacida hace apenas un año.
Earthen Co.: hacer accesible la cerámica
Earthen Co. nació en 2025 de la mano de Johnathan y su cofundador Stanley Ho. La marca decidió hacer algo bastante poco habitual en este segmento: construir su propuesta alrededor de relojes con cajas de cerámica y mantenerlos en un rango de precios de entre 899 y 1.099 dólares.

Hasta hace no demasiado tiempo, encontrar una caja íntegramente cerámica en este nivel de precio habría sido algo extraordinario.
Todos los modelos actuales de Earthen utilizan además calibres automáticos Miyota 9039, apostando por una mecánica conocida y fiable mientras concentran buena parte de su identidad en el diseño y el material de la caja.
Pero la propuesta de Earthen no nace simplemente de querer utilizar un material diferente.
Según nos explicó Johnathan en la entrevista que realizamos con él, la idea surgió de una preocupación muy concreta: recuperar las proporciones, el diseño y la personalidad de los relojes vintage, pero utilizando un material capaz de soportar mejor el uso diario.
Su filosofía se resume en una idea que está presente en prácticamente toda la conversación: “forjar de nuevo” el alma vintage en cerámica.

El alma vintage, pero preparada para la vida real
Para Earthen, el problema de muchos relojes vintage es precisamente aquello que los hace tan atractivos. Sus proporciones y diseños pueden ser extraordinarios, pero también pueden resultar demasiado delicados para convertirse en relojes de uso diario.
La marca quiere ocupar ese espacio entre la belleza de los relojes antiguos y las exigencias de la vida moderna.
Johnathan nos explicaba que su mayor temor al desarrollar Earthen era precisamente perder esa personalidad al intentar hacerla más resistente y ponible. La cerámica podía convertirse en una solución técnica, pero no debía hacer que el reloj se sintiera frío o carente de carácter.
Por eso la marca insiste tanto en conceptos como proporciones, tacto, acabados y comodidad.
No se trata únicamente de fabricar una caja resistente. Se trata de conseguir que el material forme parte de la experiencia del reloj.
Una apuesta poco habitual en el mercado actual
Quizá el aspecto más interesante de Earthen no sea solamente que utilice cerámica, sino el precio al que consigue hacerlo.
La cerámica exige procesos de fabricación específicos y una precisión considerable. Durante años, sus costes y complejidad la asociaron principalmente a relojes de precios elevados.
Earthen demuestra que el material puede comenzar a democratizarse.
Con relojes de entre 899 y 1.099 dólares, la cerámica deja de ser necesariamente una característica reservada a piezas de lujo y empieza a convertirse en una opción real para coleccionistas que buscan algo diferente sin entrar en precios de alta relojería.
Y aquí es donde la evolución histórica del material resulta especialmente interesante. Lo que comenzó como una tecnología utilizada en aplicaciones industriales y que posteriormente encontró su lugar en relojes de firmas como Rado, IWC, Omega o Audemars Piguet ahora empieza a llegar también al territorio de las micromarcas.
