Los relojes para árbitros de fútbol: los cronógrafos suizos de 45 minutos

Hay relojes diseñados para pilotos, relojes para buceadores, relojes para navegantes y hasta relojes específicamente pensados para jugar al golf. Pero existe una categoría mucho más extraña y fascinante: los relojes mecánicos creados para medir un partido de fútbol.

Durante las décadas de 1960, 1970 y 1980, varias firmas suizas desarrollaron cronógrafos y cronómetros destinados a árbitros de fútbol. El objetivo era tan sencillo como específico: controlar los 45 minutos de cada parte de un partido y hacerlo de una manera rápida, fiable y fácilmente legible.

En una época en la que no existían las aplicaciones deportivas, los smartphones ni los sofisticados sistemas electrónicos actuales, un reloj mecánico podía convertirse en una herramienta profesional. Y algunas marcas llevaron la idea bastante más lejos de lo que cabría imaginar.

Omega, Breitling y Heuer son los nombres más interesantes de esta historia. Cada una encontró una solución diferente al mismo problema y creó algunos de los cronógrafos deportivos más curiosos de la relojería vintage.

El problema de los 45 minutos

Un partido de fútbol está dividido en dos partes de 45 minutos. Para un árbitro, saber cuánto tiempo ha transcurrido forma parte esencial de su trabajo.

Por supuesto, cualquier cronógrafo convencional podía medir 45 minutos. Bastaba con ponerlo en marcha al comenzar el partido y detenerlo al finalizar la primera parte. Pero la relojería mecánica de aquella época tenía una característica muy particular: si existía un problema por muy específico que fuese, había marcas dispuestas a crear un reloj para solucionarlo.

Así nacieron los llamados soccer timers o football timers.

En algunos casos no fue necesario desarrollar un movimiento completamente nuevo. Bastaba con modificar la esfera, los contadores o la forma de interpretar la información. El resultado eran relojes que, a simple vista, podían parecer cronógrafos convencionales, pero que estaban pensados alrededor de una única cifra: 45.

Y precisamente ahí está buena parte de su encanto.

Omega Seamaster Soccer Timer

Omega fue una de las marcas que más claramente desarrolló esta idea. Dentro de la colección Seamaster produjo diferentes referencias de Soccer Timer desde finales de los años sesenta hasta principios de los ochenta.

Las primeras versiones utilizaban cajas tipo cojín de alrededor de 38 mm, mientras que las generaciones posteriores crecieron hasta aproximadamente 41 mm. En su interior encontramos el conocido calibre Omega 861, el mismo movimiento que protagonizó buena parte de la historia del Speedmaster.

En el contador de minutos del cronógrafo aparecía un “45” situado bajo la marca de 15 minutos, de manera que el árbitro podía identificar rápidamente cuándo se habían completado los 45 minutos reglamentarios.

Una modificación sencilla, pero tremendamente efectiva.

Omega Ref. 145.016

La primera generación corresponde a la ref. 145.016, una referencia que también fue utilizada en otros cronógrafos Seamaster y que no era exclusiva del Soccer Timer.

Con una caja de aproximadamente 38 mm, es la versión más contenida de la familia y una de las más interesantes para quienes prefieren los tamaños vintage.

Las esferas podían encontrarse en negro o blanco, acompañadas de diferentes combinaciones de colores en los contadores y agujas. Algunas unidades incorporaban una aguja de cronógrafo naranja, un detalle que recuerda a la utilizada en el famoso Speedmaster Ultraman.

Omega Ref. 145.019: el Soccer Timer más buscado

La segunda generación llevó la idea más lejos. Su caja crece y su diseño adquiere toda la personalidad de los años setenta: colores intensos, grandes contadores y una presencia mucho más contundente.

Pero el elemento que realmente diferencia a esta referencia es su bisel exterior giratorio, accionado mediante una segunda corona situada a las 10 horas.

Algunas unidades incorporaban el conocido bisel roulette, con diferentes colores, que permitía utilizarlo también para controlar un segundo huso horario.

Es una de esas funciones que probablemente tenía poco que ver con arbitrar un partido de fútbol, pero que convierte al reloj en una pieza mucho más interesante desde el punto de vista coleccionista.

Junto a ella existió la ref. 145.020, prácticamente equivalente en diseño y caja, pero equipada con un bisel negro fijo.

El resultado es uno de esos relojes que difícilmente podrían confundirse con un cronógrafo moderno. Es grande, colorido, peculiar y completamente de su época.

Breitling y el curioso “Slow Chronograph”

Breitling encontró una solución todavía más extraña.

Su Soccer Timer Ref. 2734 utilizaba un movimiento conocido como slow chronograph, una configuración poco habitual incluso dentro de la propia historia de Breitling.

En lugar de funcionar como un cronógrafo convencional, la aguja central se encargaba de indicar los minutos transcurridos en lugar de los segundos. Al activar el cronógrafo, un pequeño indicador situado a las seis cambiaba para mostrar que la función estaba en marcha.

La esfera incorporaba además una escala exterior de 0 a 45 minutos, pensada específicamente para controlar la duración de una parte de fútbol.

Y aquí aparece una de las grandes curiosidades de estos relojes: mientras Omega solucionó el problema principalmente mediante la esfera y sus indicaciones, Breitling desarrolló una manera completamente diferente de representar el tiempo.

Los dos relojes perseguían exactamente el mismo objetivo, pero llegaron a él por caminos completamente distintos.

Heuer: el cronómetro del árbitro

Heuer tomó una tercera vía.

La firma suiza, que tenía una larga tradición fabricando cronómetros y cronógrafos deportivos, no desarrolló para este propósito un cronógrafo mecánico de muñeca comparable a los Omega o Breitling.

En su lugar produjo cronómetros mecánicos de muñeca destinados a árbitros. La diferencia es importante. Mientras Omega y Breitling partían del concepto de cronógrafo de pulsera y lo adaptaban al fútbol, Heuer utilizó su experiencia en instrumentos de medición del tiempo para crear una herramienta mucho más directa. Estos ”relojes” no dan la hora, se limitan a cronometrar con un claro indicador de 45 minutos en la esfera.

Tiene bastante sentido que Heuer participara en esta historia. Durante décadas, la compañía había construido una reputación alrededor de los cronómetros y la medición precisa del tiempo en el deporte y el automovilismo.

El fútbol simplemente era otro terreno donde esa experiencia podía encontrar una aplicación.

Un reloj para el día del partido

Quizá lo mejor de los Soccer Timers sea precisamente que no intentaban ser relojes para todo.

En la relojería moderna existe una obsesión constante por encontrar el reloj perfecto para cualquier situación: deportivo pero elegante, resistente pero fino, capaz de acompañarnos desde la oficina hasta una cena y desde la playa hasta una reunión. Los relojes para árbitros de fútbol pertenecen a otro mundo.

Son instrumentos creados para una situación concreta. Para un campo de fútbol. Para dos partes de 45 minutos. Para alguien que necesitaba mirar su muñeca y saber, de la forma más rápida posible, cuánto tiempo había transcurrido. Porque en una época en la que un reloj mecánico puede parecer innecesario para casi cualquier cosa, resulta fascinante descubrir que hubo un momento en el que la relojería llegó a preguntarse algo tan específico como: