Por @mihistoriarelojera
Uno de los procesos que más marca la diferencia entre las grandes casas relojeras y las que aspiran a serlo es el desarrollo interno de los movimientos de sus relojes. Es así como surge la pregunta principal de este artículo.
El punto de partida: comprar vs crear
Antes de hablar de desarrollo propio, vale la pena entender la alternativa. Una marca que decide no desarrollar su propio movimiento puede comprar un calibre ETA o Sellita (los más usados de la industria) por entre 50 y 600 dólares por unidad dependiendo del modelo y el volumen, un movimiento de cuarzo japonés de Miyota puede conseguirse por menos de 20 dólares. Son movimientos probados, fiables, con décadas de historial y eso es exactamente lo que buscan las marcas emergentes.

Calibres Sellita.
Pero cuando una marca decide crear su propio calibre la estrategia cambia completamente.
El costo del desarrollo in-house
Desarrollar un movimiento mecánico desde cero (diseño, ingeniería, prototipos, herramientas de manufactura, pruebas, ajustes y certificación) tiene un piso de inversión de entre 1.5 y 3 millones de euros para un calibre básico de tres agujas y ese es el mínimo viable para una marca pequeña que haga el proceso de forma seria.
Para marcas medianas que necesitan escala industrial, tolerancias más estrictas y mayor complejidad, la inversión se mueve entre 5 y 15 millones de dólares y en el extremo superior (calibres con complicaciones propias, nuevos sistemas de escape o innovaciones técnicas reales) los números pueden superar los 50 millones de dólares en I+D acumulado.

El calibre 283 desarrollado por Berneron para el Mirage.
El desglose aproximado de esa inversión incluye equipamiento CNC de alta precisión (una sola máquina de electroerosión por hilo con precisión de 1 micrómetro puede costar 250.000 dólares) más el equipo de ingenieros y relojeros especializados, los prototipos físicos, las pruebas de resistencia y precisión, los costos de certificación COSC o METAS si se busca esa validación y los años de ajuste antes de que el movimiento esté listo para producción.
Lo que eso significa en tiempo
El desarrollo de un calibre propio no se mide en meses, se mide en años, un movimiento básico puede tardar entre tres y cinco años desde el concepto hasta la producción en serie y una complicación mayor como un tourbillon in-house o un calendario perpetuo nuevo puede tardar una década o más.
¿Entonces por qué hacerlo?
Con esos números encima de la mesa, la pregunta lógica es ¿por qué una marca elegiría ese camino cuando puede comprar un movimiento probado por mucho menos? y la respuesta tiene varias capas. La primera es el control, por ejemplo, una marca que depende de ETA o Sellita está sujeta a sus precios, sus tiempos de entrega y sus decisiones estratégicas. La crisis de suministro de ETA en los años 2000, cuando el Swatch Group anunció que reduciría las ventas de movimientos a terceros, dejó a decenas de marcas en una posición muy vulnerable y aceleró una ola de inversión en desarrollo propio que redefinió la industria.

La segunda razón es la diferenciación. En un mercado donde dos relojes de marcas distintas pueden tener exactamente el mismo movimiento, desarrollar un calibre propio es la forma más directa de construir una identidad técnica real, algo que ningún competidor puede replicar sin años de inversión.
Y la tercera razón es el margen a largo plazo. Una marca que produce su propio movimiento en volumen absorbe los costos de desarrollo en cada unidad vendida, pero eventualmente llega a un punto donde ese movimiento es más barato de producir que comprarlo externamente en especial cuando el volumen anual supera las decenas de miles de unidades.
Un caso extremo
Para entender el techo de lo que puede costar un movimiento, el Patek Philippe Grandmaster Chime Ref. 6300A-010 requirió 100.000 horas de desarrollo, manufactura y ensamblaje. El reloj terminado se vendió por 31 millones de dólares. Obviamente no es un caso representativo, pero es un buen ejemplo de que en el extremo de la alta relojería, el movimiento no es solo un mecanismo sino la razón de existir del reloj.

La pregunta que deja abierta
Un artículo reciente de Kilian Eisenegger planteó algo que me parece muy relevante para este momento de la industria ¿se equivocaron las marcas al invertir tanto en movimientos propios durante la última década? Los resultados de Richemont para 2025-2026 muestran que el segmento de relojes especializados generó ventas de 3.15 mil millones de euros pero solo 107 millones de resultado operativo lo que es una rentabilidad muy baja para un grupo con ese nivel de inversión manufacturera.
La respuesta no es sencilla pero la pregunta sí revela algo importante: desarrollar un movimiento propio es una apuesta de largo plazo que no siempre se traduce en rentabilidad inmediata, sino en una decisión de identidad ligada a la parte financiera.
Y en la relojería, esa tensión entre lo que cuesta algo y todo lo que significa el desarrollo invisible detrás, muchas veces define el “verdadero valor” de un reloj.