El precursor relojero, Alberto Santos-Dumont

Por @mihistoriarelojera

Antes del siglo XX no era nada habitual que un hombre llevara un reloj en la muñeca e incluso era mal visto, los relojes de pulsera eran considerados joyería femenina y los hombres llevaban relojes de bolsillo, y punto. Lo que cambió esa forma de ver las cosas (o por lo menos la historia más difundida) no fue una decisión de la industria relojera ni una tendencia de moda sino una queja en una cena en París.

Alberto Santos-Dumont era un aristócrata brasileño de nacimiento y un pionero de la aviación por convicción, un hombre cuya negación obstinada a aceptar los límites de la gravedad escribió los primeros capítulos de la historia del vuelo humano. Heredero de un imperio cafetero brasileño, Santos-Dumont eligió abandonar el negocio familiar para perseguir su pasión por la invención, se mudó a París, que en ese momento era el centro mundial de la recién nacida ciencia de la aviación y se estableció como una figura central en la carrera por construir una máquina voladora.

En ese París de principios del siglo XX Santos-Dumont no era solo un inventor, era una celebridad, una figura habitual de la alta sociedad parisina que frecuentaba los mejores restaurantes y tenía entre sus amigos a Louis Cartier, el joyero más importante de la ciudad. 

Y fue precisamente en ese contexto social donde ocurrió el momento que empezaría a cambiar la relojería para siempre.

Después de uno de sus vuelos y de la celebración que siguió, fue en un brindis que Santos-Dumont se quejó a su amigo Louis Cartier de la dificultad de consultar su reloj de bolsillo mientras pilotaba, necesitaba mantener las manos en los controles del avión, pero se veía obligado a soltarlos cada vez que quería saber la hora y por supuesto Louis Cartier escuchó muy atentamente.

En 1904, Cartier, con la ayuda del maestro relojero Edmond Jaeger, creó el primer reloj de pulsera para hombre de la historia: una caja cuadrada, diseño compacto y delgado, con remaches expuestos que enmarcaban un bisel pulido sobre una esfera blanca con números romanos y la corona de cuerda manual con su famoso cabujón azul zafiro que hoy es una de las señas de identidad de Cartier.

El 12 de noviembre de 1906, Santos-Dumont se convirtió en la primera persona filmada en vuelo en un avión, cubriendo 220 metros en 21.5 segundos y usando lo que fue el primer reloj de piloto de la historia. 

Durante siete años, Santos-Dumont tuvo el privilegio de ser la única persona en el mundo en usar ese modelo ya que el Santos de Cartier no estuvo disponible para el público general hasta 1911, pero cuando llegó al mercado, cambió algo mucho más profundo que la oferta de una marca, legitimó culturalmente el reloj de pulsera como un objeto que un hombre genuinamente querría usar. 

Algo muy especial de Santos-Dumont era su carácter filantrópico, el creía firmemente que hacer públicos sus conocimientos podría acelerar el progreso de la aviación e inspirar a otros a contribuir, por eso cuando diseñó su avión Demoiselle (considerado el primer avión de producción en serie) publicó sus planos abiertamente para que cualquiera pudiera construirlo y probarlo, sin cobrar ni patentar nada. Santos-Dumont se negó siempre a patentar sus inventos, expresando que su interés era no poner trabas a otros investigadores, que podían usar sus descubrimientos libremente, porque su sueño era que los aviones llegaran a ser tan accesibles como un automóvil.

Así que el reloj más influyente en la democratización del reloj de muñeca masculino no nació de una estrategia comercial, nació de la incomodidad práctica de un inventor, aviador y más importante aún, filántropo y así la necesidad inventó algo que el mundo no sabía que necesitaba.

Santos-Dumont murió en 1932 y el reloj que lleva su nombre sigue produciéndose hoy en día, más de 120 años después, prácticamente con la misma geometría cuadrada y los mismos tornillos expuestos que lo hicieron único en 1904 y que dan cuenta de la extraordinaria persona que fue el.