El camino de la relojería China
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Por @mihistoriarelojera
Durante años, cada vez que alguien hablaba de un reloj chino en conversaciones de relojería, la reacción era casi siempre la misma: una sonrisa condescendiente o un comentario sobre falsificaciones. Obviamente, entiendo de dónde viene esa reacción pero creo que es profundamente injusta y cada vez más equivocada.
La historia de la relojería china es más larga y más seria de lo que la mayoría imagina.
La fundación de la Fábrica de Relojes de Tianjin en 1955 (hoy conocida como Seagull) marcó la primera entrada seria de China en la relojería industrial. Comenzando con movimientos mecánicos básicos inspirados en diseños suizos, la fábrica evolucionó hasta convertirse en el mayor fabricante de movimientos mecánicos del mundo, produciendo más de 20 millones de unidades anuales. Para ponerlo en perspectiva: eso representa el 25% de toda la producción mundial de movimientos mecánicos.

China no llegó tarde a la relojería sino que llegó de una forma diferente.
Entonces ¿por qué la mala fama? La respuesta honesta tiene dos partes, por décadas, China fue el hazmerreír del mundo relojero, entre los relojes originales pero de baja calidad y las réplicas baratas que inundaron los mercados, los aficionados tenían razones válidas para ignorar los relojes chinos. El problema fue que esa industria paralela de falsificaciones (Rolex falsos, Patek falsos, cualquier cosa con un logo reconocible) le pegó al país entero una etiqueta que sus fabricantes legítimos no merecían.

Era el mismo fenómeno que vivió Japón décadas antes, cuando "hecho en Japón" era sinónimo de producto de baja calidad hasta que Seiko y Citizen demostraron lo contrario y ahora China está en ese mismo proceso de demostración.
El caso más llamativo es Seagull, que no se quedó fabricando movimientos básicos y a día de hoy fabrica incluso relojes con tourbillones y repeticiones de minutos. Pero donde el cambio se nota con más fuerza es en la nueva generación de relojeros independientes chinos.

Otro nombre que merece atención es Peacock, que a diferencia de los relojes económicos de plataformas asiáticas, es considerada por los entusiastas como parte de la "Santísima Trinidad" de la horología en China debido a su ingeniería de punta, movimientos propios y enfoque en piezas de “lujo accesible” que no copian a los diseños suizos, Peacock es respetada por su uso de materiales de alta gama, acabados artesanales y capacidad de manufacturar complicaciones complejas. De hecho, desarrollaron un movimiento de doble turbillón propio, siendo de las pocas marcas en el mundo capaces de lograrlo.
Kiu Tai Yu fue el primer relojero asiático en construir un turbillón, el primer chino en ingresar a la Académie Horlogère des Créateurs Indépendants, y creó un "mystery tourbillon" que funcionaba sin jaula ni puente (algo sin precedentes). Sus piezas hoy se subastan en Phillips por más de 80.000 dólares.

Y luego está Qin Gan que comenzó en 2014 fabricando un autómata de libélula, pasó por la restauración y eventualmente creó el Pastorale II: un reloj de tiempo únicamente en caja de oro, con acabados a mano, producido en apenas 15 piezas por año, a un precio de 46.000 dólares, cada pieza incluye biselado a mano, ángulos interiores y su propia versión de las rayas de Ginebra. No es un reloj chino que compite en precio, es un reloj chino que compite en calidad con cualquiera del mundo.

Hay marcas más accesibles como Atelier Wen y Behrens que están construyendo identidades propias y genuinas, sin copiar a nadie.
Lo que está pasando en China no es un intento de imitar a Suiza. Es una industria que tardó décadas en sacudirse el estigma que le dejaron sus peores actores, y que ahora está construyendo algo propio (con su historia, su estética y su forma de entender el tiempo).
El "hecho en Japón" de la relojería tardó una generación en cambiar de significado y ahora el "hecho en China" está en ese camino, más rápido de lo que muchos quisieran admitir.