Por @vic.swissmade
Historia
En 1927, el ingeniero suizo Jean-Léon Reutter, de Neuchâtel, desarrolló el primer prototipo de un reloj capaz de funcionar sin cuerda manual ni electricidad. Su “Atmos 0” empleaba un tubo de vidrio en U con mercurio y amoníaco para captar las variaciones de temperatura ambiente y convertirlas en energía mecánica. El invento fue tan revolucionario que más de cien artículos sobre él se publicaron en periódicos de todo el mundo.
El salto comercial llegó en 1929, cuando la firma francesa Compagnie Générale de Radio comenzó a fabricar el Atmos I. La historia cuenta que Jacques-David LeCoultre descubrió uno de estos relojes en un escaparate parisino a principios de los años treinta. Reconociendo que Reutter era un ingeniero brillante pero no un relojero, LeCoultre adquirió la patente. En julio de 1935, toda la producción fue transferida a Suiza. La fusión de LeCoultre con la empresa parisina de Edmund Jaeger daría lugar a la maison Jaeger-LeCoultre.
El gran salto técnico llegó el 15 de enero de 1936 con el anuncio del Atmos II: la peligrosa mezcla de mercurio y amoníaco fue sustituida por cloruro de etilo (la misma que se utiliza hoy). En 1983, Jaeger-LeCoultre rediseñó por completo el movimiento con el calibre 540, abandonando la arquitectura original de Reutter e introduciendo fabricación por plasma de los fuelles y la primera complicación: una fase lunar. Desde entonces, más de 750.000 ejemplares han salido de la manufactura en Le Sentier, Valle de Joux.
Ingeniería: la física detrás del movimiento casi perpetuo
El cajón de presión
El corazón del Atmos es una cápsula hermética de cloruro de etilo (C2H5Cl). Cuando la temperatura sube, el líquido se vaporiza, expande los fuelles metálicos en acordeón y comprime un muelle espiral. Al bajar, el gas condensa, los fuelles se contraen y un sistema de trinquete transmite ese movimiento en un único sentido: el armado del muelle real. Tanto la expansión como la contracción trabajan coordinadamente. Una variación de tan solo 1 °C garantiza 48 horas de marcha.
El péndulo de torsión y la eficiencia extrema
Para aprovechar esa energía mínima, el Atmos emplea un péndulo de torsión de 240 gramos suspendido de un hilo de Elinvar, que es una aleación de níquel-acero prácticamente insensible a la temperatura, tan delgado como un cabello humano. El péndulo completa solo dos oscilaciones por minuto (120 alt/h), frente a las 28.800 alt/h de un reloj de pulsera moderno. El mecanismo opera con menos de una millonésima de vatio y no requiere lubricación. Para igualar el consumo de una bombilla de 15 W harían falta 60 millones de relojes Atmos funcionando a la vez.
El reloj de los presidentes y el arte
A partir de los años cincuenta, el Atmos fue adoptado como regalo oficial de la Confederación Suiza para jefes de Estado y personalidades. Winston Churchill, John F. Kennedy, el general De Gaulle, el Papa Juan Pablo II y Charlie Chaplin son solo algunos de sus receptores célebres, ganándose el apodo de «el reloj de los presidentes».
Desde los años setenta, el Atmos se convirtió también en lienzo artístico: colaboraciones con Hermès, Baccarat, y Alfred Dunhill lo transformaron en objeto de arte de colección. El Atmos du Millénaire (cal. 555, año 2000) incorporó un calendario preciso hasta el año 3.000 con un error de solo un día cada 3.821 años. El más reciente, el Hybris Mechanica Calibre 590 de 1.460 piezas, celebró el centenario de la invención de Reutter como cúspide técnica del proyecto.